Un proyecto concreto con un contexto histórico real.
En 1765, la Compañía Británica de las Indias Orientales necesitaba un sistema para registrar y dar seguimiento a los nuevos mercaderes que llegaban a sus puertos en Bombay y Madrás. Cada capitán debía presentar cartas de crédito, listas de carga y permisos de atraque, pero los procesos eran lentos y propensos a errores. Los retrasos en la verificación de documentos causaban pérdidas de mercancía perecedera, especialmente pimienta y canela almacenadas en bodegas sin ventilación adecuada.
Se diseñó un portal de registro centralizado en la oficina portuaria de Fort William. Cada mercader recibía un número de expediente y un juego de instrucciones escritas a mano sobre los protocolos de almacenamiento de especias. Los oficiales de la Compañía llevaban un libro de bitácora donde anotaban la fecha de llegada, el tipo de carga y las condiciones de la bodega asignada. Este sistema permitía cruzar información entre los almacenes y los barcos fondeados.
Se establecieron tres puntos de control: el muelle de descarga, la oficina de aduanas y el almacén general. En cada punto, un escribano registraba el estado de los sacos de yute y las cajas de teca. Se introdujo un sello de cera lacrada para certificar que la carga no había sido abierta durante el traslado. Los mercaderes recibían un recibo con la fecha estimada de liberación de la mercancía, basada en la rotación del almacén y la disponibilidad de caravanas terrestres.
En los primeros seis meses, el tiempo de procesamiento de un cargamento de pimienta se redujo de cinco días a dos. Las pérdidas por moho en la canela disminuyeron un 30%, según los registros de la Compañía. El sistema de sellos lacrados permitió rastrear responsabilidades cuando se detectaban robos o daños. El portal se convirtió en un modelo para otras factorías en Ceilán y las Molucas.